Se incluyen aquí en primer lugar, todo el espectro de las displasias de cadera, desde las más leves hasta las más graves, como las luxaciones. La detección temprana de estos casos evita que el niño llegue a ser enyesado u operado, por lo que se sugiere en todos los bebes un control radiográfico, (no ecográfico), a los 6 meses de edad. Las radiografías nos muestran aproximadamente 11 parámetros a valorar de acuerdo a la edad del bebe para actuar sobre aquellos que estén en déficit o alteración y evitar que llegue a tener una displasia de cadera de mayor gravedad. En nuestro medio lamentablemente solo se valora el ángulo del techo de la cadera, que, si bien es un dato de suma importancia, no es el único a tener en cuenta. Cabe señalar que la cadera es una articulación que madura hasta los 5 años de edad, lo que quiere decir que a los profesionales nos corresponde prevenir su aparición o reaparición en todo ese tiempo. No obstante, mientras más temprano se aborde todo y se consiga restablecer y afianzar todos los parámetros, el bebe no correrá el riesgo de volver a generar o reactivar una displasia.

Así mismo, es importante recordar y considerar, que la maduración de la cadera va de la mano con la maduración del desarrollo motor del niño, con los giros, con el pataleo y, sobre todo, con el gateo, pues esta actividad motriz de alta complejidad e importancia, afianza la acción de ligamentos, músculos y es precursora de las reacciones de enderezamiento que favorecen una correcta estabilidad y coaptación de la cadera.