Las disfunciones viscerales juegan un papel importante en la adaptabilidad de nuestro sistema músculo esquelético frente a situaciones de estrés interno. Una gastritis, un cuadro de estreñimiento, menstruaciones dolorosas cíclicas o inflamaciones prostáticas, entre otras, como contenido que son, van a enviar esa información al continente corporal, (sistema musculoesquelético), dentro del cual se encuentra la columna vertebral por ejemplo y esto lo hace mediante membranas de conexión a las mismas llamadas “mesos” (mesocolon transverso, meso sigmoides y mesenterio) o mediante miotomas y viscerotomas que reaccionan ante tensiones del medio interno.

Encontramos dentro de la organización visceral, membranas fasciales tipo mesos y epiplones, cuya importancia radica en ser medios de sostén, conexión y sobre todo, medios de conducción de la nutrición vascular y nerviosa a cada órgano y sobre esas membranas, es donde radica nuestro abordaje, que busca devolverles la dinámica de elasticidad, reposicionamiento y funcionalidad adecuada para realizar su trabajo de manera adecuada.

La calidad del medio interno, su salud o su toxicidad, influye en nuestra postura comportamental, influye en las compensaciones que el cuerpo hace tratando de sostener o proteger constantemente el malestar que se esté padeciendo e influye por todo ello y por estar íntimamente relacionado con nuestro sistema nervioso autónomo, en nuestra manera de ver y enfrentar la vida.